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¿Por qué es tan importante?

Seguramente os estaréis preguntando por qué le damos tanta importancia a que los programas que utilizamos sean libres o, como mínimo, de código abierto. Total, la mayoría de nosotros no somos programadores y, sin menospreciar a nadie, ni ganas...

La respuesta se presta a infinitud de comparaciones y analogías. Y aunque ya existen varias publicadas me parece apropiado hacer una adaptada a nuestro mundo, el de la arquitectura. Suponed que en todos vuestros proyectos estuvierais obligados a utilizar una marca específica de ventanas(*) y vuestra elección se limitase a escoger tan sólo el modelo. Además, las condiciones de uso de esta marca incluirían algunas particularidades en forma de condiciones de obligado cumplimiento:

  • La marca no se hace responsable de que la ventana funcione. Y por descontado tampoco acepta ninguna responsabilidad si filtra agua o alguien consigue entrar en el edificio por un defecto de seguridad de su producto.
  • Los ensayos a los que se somete el producto no son públicos. Los laboratorios que los hacen tratan directamente con la compañía, con quien tienen tratos preferentes. Y aunque aseguran que los ensayos se hacen correctamente, tan sólo en publican el resultado final (cumple o no cumple) y no las pruebas a que las ventanas se someten ni en qué condiciones.
  • La composición de los materiales y los detalles constructivos son secretos. A ti, como arquitecto, solo te dan un esquema básico con un listado de las prestaciones y características de los materiales. No puedes adaptar la ventana de ninguna manera, por ejemplo combinando una parte practicable con una de fijo sin marco (una opción que no está en el catálogo). Y si lo haces te pueden denunciar por incumplir las condiciones de suministro.
  • Si usas su producto debes tener en cuenta por el resto de materiales del edificio. Y no sólo la parte más evidente, como los cristales. También el resto de soluciones deben ser forzosamente compatibles. Por lo tanto deberás escoger sistemas adecuados para el resto del edificio: de la fachada hasta la cubierta incluyendo la estructura.
  • La instalación y mantenimiento no lo puede hacer cualquiera. Si se te estropea la cerradura, salta la pintura o se rompe un cristal, es necesario que quien haga la reparación tenga un certificado específico. El herrero del pueblo no sirve.
  • Si tú (o quien sea) descubre un problema, no lo puedes arreglar. Como mucho puedes avisar a la compañía, y ella decidirá si es importante o no y cuando lo arregla.
  • A pesar de que el cliente la pague, la ventana no es suya. El contrato explica claramente que sólo se cede el uso, no la propiedad. Por lo tanto la ventana sigue siendo de la marca.
  • Una vez instalada la ventana, no la puede poner a ningún otro edificio. ¿Reciclaje? Pues va a ser que no, las condiciones son claras: sólo puedes utilizar la ventana en aquel edificio, ni desmontarla ni reciclar el material.
  • Te harán inspecciones periódicas para comprobar que todo está bien. Pero no siempre te avisarán, lo harán cuando ellos lo crean conveniente. También se reservan el derecho de añadir componentes o sacarlos, según su criterio. Y como el resto del edificio debe cumplir una serie de requerimientos aprovecharán para entrar y asegurarse de que se han seguido correctamente. En el caso de que, por ejemplo tengas unas cortinas que no encuentren adecuadas pueden desmontarlas llevárselas.
    Y mientras estén dentro aprovecharán para recoger información del edificio y del uso que se le da. Dicen que esta información no incluye datos personales, pero no hay manera de comprobarlo.

Si os parece que esta lista es una exageración os recomiendo que lo comprobéis por vosotros mismos. Desde la página de licencias de Microsoft os podéis descargar las licencias de todos sus productos disponibles.

En cualquier caso ¿creéis que vuestros clientes (que no son arquitectos) o vosotros mismos como técnicos (que no sois albañiles) utilizaríais un producto como éste?
Y en otros ámbitos ¿Comeríais productos de los que no sabéis nada? ¿Confiaríais en unas leyes que no fuesen públicas? ¿Y en una democracia de código cerrado?


(*) Siento utilizar el término obvio referido al producto obvio. No caigáis en la tentación de pensar que otras opciones menos útiles para las comparaciones arquitectónicas son muy distintas. Si la analogía hubiera sido sobre comida hubiera utilizado manzanas. O la ya conocida de las recetas.